Cuando la incomunicación se enquista en el hábitat natural de una relación – sea en la pareja, entre dos viejos amigos, o con nuestro vecino de abajo, la comunidad entera- no hay por dónde agarrarla. Ni con pinzas se aguanta la cosa.

La incomunicación nos despersonaliza hasta extremos inimaginables:¿Cómo nos llamábamos?¿Quién es esa persona que duerme a tu lado?.
Llega un día que ni el gazpacho, ni los niños, ni por supuesto la suegra, tienen sentido:
GETXO PHOTO 2011
(Locución Mujer Morena: Elisabet Isasi-Isasmendi)
Así que por favor:
¡SUBAN A LA AZOTEA, TOMEN AIRE Y ABRAN LOS OJOS!
Y sí, claro, saluden a sus vecinos.
Quizás les parecerá un mero acto de protocolo, pero puede ser un buen intento de comunicarse.
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